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LA PAMPA PROFUNDA


Un pueblo abandonado
Por Juan Pablo Morisoli; Escritor y topógrafo.


Hucal y sus fantasmas. Siguiente » » « « Anterior

Hucal había tenido otro nacimiento mas próspero al conectar los rieles al puerto en el año 1891, con las minas de Lihué Calel. Las mismas fueron puestas en producción desde varios años atrás por dos mineros chilenos que conociera Juan B. Ambrosetti en su Viaje a La Pampa Central. Esos yacimientos metalíferos estaban en plena explotación: de ellos se extraía mineral de cobre, que se transportaba en bruto, sin refinar, en carros por dos picadas, una hacia Pichi Mahuida donde luego de cruzar el río. Colorado se embarcaba en el Ferrocarril Sud; la otra llegaba a Hucal y desde allí al puerto marítimo por el tren que hemos descripto.
Mientras yo repasaba fechas y dueños de aquellas vías, -hoy semienterradas por el monte, los renuevos y el pasto puna e inclusive cerradas por alambres a imaginarias locomotoras detenidas en su paso y su avance- comenzaron a llegar los fantasmas de Hucal. De su estación y talleres, de sus chalets ingleses, de su prolija villa ferroviaria, de sus zorras y fosas, de las estancias vecinas, donde miles de obreros comenzaban a desmontar La Pampa.
El primero en llegar fue Juan de Dios Sepúlveda, chileno huido de su país por cuestiones políticas. Entre los vapores de la mañana y el rocío, se paró cerca mío, siempre mirando al Norte.
Miraba las vías y dijo: Fíjese usted, muchacho, tanto esfuerzo para que hoy no haya quedado nada ... nada de aquello que me costó tanto: años, vida y trabajo mayúsculo . .cuando llegué de Chile, mi Chile querido, me asocié con Tomás de Bobadilla, paisano amigo que había encontrado las minas descubiertas por los jesuitas en su largo andar por el camino de Valdivia a Paraguay ... esos religiosos fueron los que plantaron los duraznos, que sorprendieron tanto a Zeballos y a otros viajeros, que se animaron a conocer La Pampa en épocas de los indios. Si usted supiera cómo caminé toda esta tierra, de punta a punta para construir los caminos a las minas, a pala y pico, sin agua, sin herramientas ...
Hasta que llegó el pata-de-fierro y ahí la cosa mejoró. Pensé que harían un ramal hasta las minas ... habré trabajado como animal en esas galerías, sacando el mineral con un bolsito a mis espaldas, y subir y bajar el apir miles de veces, sucio, encorvado, arrastrándome a gatas, parado entre los chiflones ... traje mi familia porque vivir solo era inhumano; hicimos una casa de piedra de las minas -multicolor, brillante y llamativa, estaba en pleno predio de la mina-, armada a cal y canto, como antaño.
Mientras lo escuchaba veía pasar entre la bruma las carretas de hacheros hacia el monte, rumbo al duro trabajo de la hachada, que en la Estancia Hucal, supo congregar para ese "pique" nada menos que mil personas. También salían los "catangos" en sus zorras y motovías a ensamblar rieles hacia el norte, apurando la vía en su prolongación a General Acha y en los talleres repicaba el ruido de los motores y las fraguas.
Me contaba el minero con su hablar pausado y respetuoso:
-Allí vivíamos, mi mujer era curtida para esa época, imagínese en esa desolación ... para llegar al negocio de Ardohain teníamos quince leguas, de La Escondida de Don Miguel le estoy hablando, mucha
cho, qué vascos trabajadores esos, si me acordaré de ellos- ...
Las cosas no siguieron bien, poco a poco la mina se fue quedando, habría que haber reducido el mineral aquí, era mucho volumen sacar con toda la mezcla de impurezas y tierra ... se ve que los ingleses encontraron algo de más "ley" mucho más cerca ... así que fui buscando otros horizontes, siempre me gustó andar y este país es tan grande y tan rico Que creo que nunca lo van a fundir.
Me fui a Río Negro, a Colonia Lucinda en los alrededores de Cipolleti, puse frutales, viera usted cómo salen de lindos y rendidores ... es el milagro del agua dulce, cosa que aquí escaseaba bastante y había que ir muy abajo para encontrarla ... entre las piedras y el granito, a puro barreno, era duro, muy duro ...
Allí me fue mejor y llegué a ser Director General de Irrigación en el año 1913 ... eso era un vergel impresionante ... pero lo vi a usted y lo escuché preguntarse tantas cosas, porque siempre me doy una vuelta por acá a ver cómo anda la situación y ya ve, no ha quedado nada, bueno no dejaron nada, lo vendieron todo ... qué picardía ... y se quedó callado, la mirada fija en el Norte: pensaba.
Al rato llegó otro de los fantasmas de Hucal y se arrimó despacio, como para no incomodar a esa gente que rememoraba otras épocas: Raúl Scalabrini Ortiz estaba allí... también miró al Norte hacia
adonde deberían haber seguido los rieles de ese gran proyecto, para unir todo el país y también la prolongación desde General Acha a Neuquén y Chile, paralelo al Camino de los Zapadores ...
Pensaba en voz alta y nos decía: -"los ferrocarriles del Estado tienen un porvenir halagüeño y enteramente paralelo al desarrollo del país .. Ellos tienen la llave de la salida de las regiones mineras y de las grandes reservas hidroeléctricas, ellos tienen pues la llave de la grande industria futura del país ... ellos controlan
la salida del petróleo y de los combustibles del norte y de los productos subtropicales característicos ... gran parte de la vida nacional del interior depende de los ferrocarriles del Estado ... la prosperidad y la esperanza de los últimos años puede transformarse en desilusión y ruina si los ferrocarriles del Estado caen bajo el do¬minio privado y extranjero" ...
Me miró fijamente y me dijo: ... he explicado hasta el cansancio que los ferrocarriles del Estado son el único contralor de los ferrocarriles particulares y ha sido en la historia el único moderador de su política de extenuación y de primitivismo monocultural…y prosiguió ya seguro de tener toda mi atención:…perder el dominio de los ferrocarriles del estado, dejarlos que se hundan en la masa informe de una sociedad mixta, que controlará una voluntad invisible para el conocimiento público, pero certera como una bala y tenaz como el tiempo en la procura de sus objetivos, sería caer en una sumisión sin posibilidad de auroras, en que quizá se hundiría para siempre la esperanza de redención que en la tierra argentina está siempre pronta a germinar…



Fuente:
Suplemento "Caldenia" - Diario "La Arena" Domingo 30 de setiembre de 2001.


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