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Toay- Abril-2006

NAICÓ Entrevista a Lindor Juárez




Naicó es un estanque de aguas mansas donde se diluyen las imágenes de los años fecundos y el reflejo mudo del presente mella el alma de quien transite por sus calles de fábula. Amplísimas fachadas y galpones herrumbrosos definen la fisonomía de este lugar que alguna vez fue un pueblo activo, rebosante de esperanzas y porvenir, y que hoy es tan solo un espacio físico donde el tiempo ya no existe.


Treinta kilómetros al sur de nuestro pue-blo por ruta 9, nos encontramos con un pueblito cuyo surgimiento y desarrollo en mucho se asemejan a los de Toay. El hecho de que manantiales de agua se hallaran en la zona hasta 1925, bien podría ser un trozo de la historia toayense, cuyo tan popular manantial pudo ser contemplado hasta muy avanzado el siglo pasado. Los topónimos "Nainco" (manantial que baja) y "Tuay" (vuelta, giro, viraje) subsisten, como tantos otros en La Pampa, desde tiempos remotos…; inverosímiles, según el diccionario. En efecto, estas dos regiones de nuestro suelo fueron puntos neurálgicos para la vida del indígena, del indio, del nativo, del aborigen…
Mucho más aquí en el tiempo, en el siglo XIX, bien podremos encontrarnos con expediciones, coroneles, batallas, campamentos y malones…, con avanzadas y fortines; en definitiva, la epopeya criolla de la conquista del desierto definió buena parte de la historia de los dos pueblos.
Parece ser que Naicó fue una zona de muy buen agua, no así el preciso punto donde Fortunato Anzotegui fundara el pueblo de Ministro Lobos el 28 de Mayo de 1911. Aquí, el salitre todo lo consume y las fachadas corroídas apenas sopor-tan la fuerza de gravedad, generando esa sensación que nos hace aguardar el desplomo inminente.
La historia toayense en cambio, se jacta permanentemente (con motivos) de las muy buenas condiciones de que supo tener su agua…: rica y abundante.
Al cruzar el umbral de la historia con-temporánea, podría decirse que Naicó es consecuencia directa del ferrocarril; a diferencia de Toay, que oyó el chirrido del acero por primera vez en 1897, contando ya con tres años de vida institucional.
Los relatos de Lindor Juárez nos regalan el pasaje al pasado, y nos permiten vivir el presente inexistente de Naicó en sus más íntimas fibras:

…estaba el almacén de ramos generales de Fernández, un negocio clásico de la época donde uno encontraba de todo, desde ropa hasta tornillos; y siempre se daba "la yapa". A unos 800 metros de ahí estaba el boliche de Francia, en frente de la comisaría; trabajaba muy bien… Había también una carnicería, de Enrique y Francisco Urtiaga. Enrique era el que atendía la estafeta, en ese tiempo todo se compraba por contra-reembolso, por ejemplo, venía la revista de la "Casa Tonsa". También estaba el aserradero del búlgaro Checovic. En la comisaría se desempeñaba el oficial Grego; y más allá estaba la escuela 80. Llorens era el Juez de Paz. Era un hom-bre muy pulcro, muy coqueto; tenía sus añitos y usaba perfume de primera, así que nosotros cruzábamos la calle de la estación y aprovechábamos para juntar los frascos que tiraba, para usar el poquito perfume que les quedaba.
Ahí nomás, el salón de Montoya se utilizaba para fiestas patrias y bailes populares, y un poquito más al norte estaba la cancha de fútbol. Naicó tenía un muy buen equipo, de los que recuerdo jugaban Biasotti, Primuchi, Vendramini, Fiorucci…, el rival a vencer era Quehué, ¡así que fiesta que había terminaba con un partido de fútbol! La estrella de Quehué era el "gordo" Savisa.-


La naturaleza supo compensar la escasez y mala calidad del agua con la abundancia de otro recurso de excelencia allá por aquellos tiempos de esplendor civilizante: el bosque de caldén. Ciertamente, el mundo consumía mucha madera por aquellos tiempos y la codicia capitalista de la época vio en esa ancestral región del "Naincó" una gran extensión de bosque virgen listo para ser talado:

Era una comunidad muy activa que nació con el tren. La actividad funda-mental era "el monte", de punta a punta la cuadra de la estación estaba repleta de troncos y había un desvío que iba al Parque Luro a buscar la leña. Cuando mi papá se fue al monte, al campo de los Spanto, instaló un obraje; eran campos en los que no había entrado nadie, había que hacer picadas y contrafuegos. A la escuela llegábamos en carro. Íbamos por las picadas..., había muchos hacheros.

Sin embargo a mediados del siglo XX, guerra mediante, el mundo reemplaza ciertos hábitos y la madera de caldén ya no es tan apetecible. Podemos decir que la llegada del "diesel" y el cese de la explotación forestal definen el destino final de Naicó; y al respecto, nuestro entrevistado es contundente:

El ferrocarril era lo que le daba vida al pueblo, pero cuando vino "el diesel" en el 48, se murió todo.

Avanzando en el tiempo hasta el límite del presente, el Naicó de nuestros días es tan solo un conjunto de calles arenosas trazadas por unas cuantas casonas centenarias, pero tras esa escenografía del pasado se ocultan las imágenes de un futuro latente.
Cual si el tiempo fuere finito como un libro, Naicó nos dice…, Naicó se ex-presa y nos cuenta lo que ya fue escrito. Solo resta que alguien vuelva a leer la historia.-

Gracias Lindor
Muchas Gracias a Marcos Ochoa y familia.

FUENTE: "Los Pueblos de La Pampa". Apuntes sobre su nacimiento, su historia. José Higinio.

Juan J. López

 



























       REFERENCIAS

  1 - Aserradero
  2 - Municipalidad
  3 - Comisaría actual
  4 - Viviendas
  5 - Conventillo
  6 - Capilla
  7 - Carnicería
  8 - Comisaría vieja
  9 - Escuela Nº80
 10 - Boliche de Francia
 11 - Panadería
 12 - Almacén de ramos generales
 13 - Casa Dr. Graña
 14 - Estación
 15 - Juzgado de Paz
 16 - Salón de Montoya
 17 - Cancha de Fútbol

 

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