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De chica anduve de linyera en el mundo.”

 ( lo dice con la mirada templada,
y a uno se le eriza la piel y se le abriga el alma ).

 

No fue fácil la vida para Vicenta.
Concurría a la Escuela N° 5. Recuerda compañeros de escuela: Chirichi, Miscoff, Portilla, Moretto, Lavín, Jamad, Bessoin, Peyrán…
 En tercer grado debe dejar pues comienza a trabajar para el director de la escuela, el Sr. Rodríguez, “el negro, el moto”.Vicenta se ocupaba de toda la limpieza de la casa del director. Sus compañeros se burlaban mientras ella lustraba la escalera. Le pagaban , y con eso podía comprar un kg. de azúcar y un par de alpargatas. Trabajaba con ella también Luis Lavín. Él hacía los mandados, buscaba la vianda, se encargaba del patio
Después Vicenta trabajó en un campo, con los Brandoni , tendría 13 años. Llevaba los barriles de agua. Juntaba 16 caballos para las chatas. En ese momento se pudo comprar las primeras zapatillas buenas.

“También trabajé en Santa Rosa.¡Me agarró una tos tan grande!…tuve que dejar.”

Fue entonces cuando una familia amiga de ferroviarios le solicita a la familia de Vicenta autorización para llevarla a Buenos Aires a trabajar.
Comienza una etapa que no se cierra en su vida.
Dejar a sus padres y hermanos ( a los que finalmente llevaría con ella para que tengan una vida mejor), dejar su pueblo, su tierra  de enormes distancias , para marchar hacia la Capital: todo un desafío, un atreverse a buscar un destino mejor, no para ella, sino para toda su familia.
Y buscar “valerse por si misma” fue su designio: con una amiga, Paulina ( hija de unos rusos que vivían por lo de Marzo), sentadas en la plaza planean  alquilar una pieza. Compraron un calentador, una mesa y una cama; más tarde compraría la otra cama. No la pagaba con dinero a la pensión, el dinero lo mandaba a Toay. Al alquiler lo pagaba lavando y limpiando a los dueños. Siempre pensando en su familia, siempre. Y progresando…Comenzó a trabajar en una Fábrica de mermeladas y dulces. Siempre mandaba el dinero con los ferroviarios. No podía venir a visitar a sus padres pues no tenía vacaciones. “ Con Perón, las cosas cambiaron, nos dio vacaciones y aguinaldo, y pude venir a Toay a ver mi familia. Después todos vieron conmigo. Mis hermanos trabajaron bien. Mi padre muere en 1964 y mi madre en 1971.Los dos murieron en mi casa. Papá muere de tanto “chicar”. En Buenos Aires lo atendió muy bien un sobrino de Zapico en el Hospital Italiano. En el velorio estuvieron Villarino, Guito de Paz, Tito Contreras( que tenía la fonda amarilla frente a la estación). ”

En Buenos Aires conoció al que fue su esposo, “un hombre buenísimo”: Casimiro Narciso Rivera. Lo conoció en la plaza a la que iba con su amiga Paulina. Tuvo dos hijos: Norma y Carlitos. Siempre en el hogar hubo honradez, y la cultura del trabajo honesto. Al casarse dejó de trabajar afuera, pero lavaba manteles y cortinas en su casa para terminar de pagar la casa que aún conserva en Flores, en Helguera , esquina Gaona.

De chica padecí mucho. Trabajé para mamá y papá que no tiene nombre. Fui honrada. Toda la vida de sacrificio, siempre, todos, y nunca nos torcimos. En Buenos Aires no me dejé embromar por nadie.”

Vuelve una y otra vez el Toay de ayer. Retornan nombres: Girelli, Tuna, Lorenzo Jarrín, Guliotta, después de Paz, Villarino, Taladriz , Moretto,Argañaráz, la familia González ,Daghua, Barancelli, Padula ( y el recuerdo especial hacia su maestra, Rocha, que la llevaba a su casa para darle apoyo y la convidaba con pan y queso).Gándara, Ramón Gutiérrez, Jamad, Luzzy, Portilla, Cuevas, los Ahuad , que tenían campo…Mercedes (de Dip), que vivía en enfrente, una gran amiga.
“Fuimos muy amigos de los González. Lucio se crió acá”

Siguen anclando recuerdos en ésta tarde que parece no acabar, en una charla donde se enlazan historias y anécdotas, sucesos que hacen a la vida del pueblo y de quienes la habitan.
“Acá en la esquina hubo un colegio, no se te decir cual. Tenía pozo. Papá lo hizo tapar con basura.”
“ El que ahora es gobernador ( Jorge) venía con su mamá y los hermanos. Jugaban en el patio con un monopatín.”
“¡Cómo nos asustábamos con el Negro Castellano! Era alto, negro…Le teníamos miedo. El nos mandaba rápido a casa. Le teníamos miedo porque era grandote, pero era muy bueno.”
“Yo conocí a Bairoletto. Un día estábamos con papá y pasó un hombre a caballo, solo. Nos pidió que no dijéramos que lo habíamos visto. Después nos enteramos que la policía lo estaba buscando:”

El antiguo carro de su padre está casi oculto, tapado con cosas en un costado del patio, cerca del molino, no tan bien conservado como Vicenta quisiera.
 -“¡ Yo a- do – ro  mi casa !”

Cuando todos se fueron a Buenos Aires, la casa quedó siempre al cuidado de alguien a quién pagaban.El último fue Gándara. Juanita González pagaba los impuestos y la luz
“ al pie de la letra. Yo tengo todo guardado.”

“ - ¡Qué grande está Toay!  No deja de trabajar mi cabeza:
¡ ¡¡ Si papá viera esto!!!
 ¡Los negocios que han abierto, de todo. Doctores, abogados…!
¡Me vuelvo loca! ”.

 

Hoy sigue con la misma entereza enfrentando la vida, visitando Toay en las vacaciones de verano. Toay, siempre Toay, “mi pueblo”.Recordando amigas: Angelita Ferrari, Dominga Carricaburu, Pita Padula, Pepa Tamborini…Constantemente pensando en el bienestar de su familia, hijos, nietos, sobrinos…barriendo el  patio, planchando…En Buenos Aires compartiendo el departamento con su hijo, y acompañando a  su cuñado y a su sobrina Nora ( su hermana hace años que murió y hace poco su sobrina). Durante todo su día se ocupa de ir cuidar a Emiliano, de dos años ( el hijo que dejó Silvina):
otro desafío para esta familia que no cesa de darle treguas a la vida,
siempre,
desde siempre.

Nos vamos de la casa de Vicenta,
de “la casa de los Liébana”.
Una historia de vida.
Aprendizaje para compartir.

01 / 2008



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