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Del oasis al desierto

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Historias: el conflicto por el corte del río Atuel
Por Flavio Frangolini- Para "La Nación."


La interrupción del cauce pluvial, que comenzó hace más de medio siglo, provocó que los campos fértiles del noroeste pampeano se convirtieran en desolados páramos salitrosos.



ALGARROBO DEL AGUILA, La Pampa.- Hace cien años, la desembocadura del río Atuel en territorio pampeano sostenía prósperas colonias agrícolas y pujantes localidades asentadas en sus riberas: un oasis que engordaba miles de ovejas y ofrecía generosas cosechas de alfalfa, centeno, girasol y maíz. A principios del siglo XX, los taponamientos destinados a regar chacras mendocinas cortaron sus brazos principales, y los caudales fueron disminuyendo hasta que la construcción de los Nihuiles, en 1947, aplicó el golpe de gracia y el río Atuel dejó de correr en territorio pampeano. La Corte Suprema de Justicia decretó la interprovincialidad del río en 1987, pero los productores del oeste de La Pampa continúan reclamando un caudal mínimo y permanente que asegure la subsistencia del curso y devuelva a sus tierras la capacidad productiva.

Antes de convertirse en provincia (1951) La Pampa se quedó sin río. Entre 1948 y 1973 no corrió una gota por el cauce pampeano del Atuel, que fue literalmente devorado por los médanos. Los campos fértiles tornaron en páramos salitrosos, las riberas en desierto, y sus pobladores emigraron, en una diáspora que representa un hito histórico para esta joven provincia."Cuando el río volvió, 25 años después, por causa de las intensas lluvias y nevadas de 1973, hizo desastres. El cauce ya no existía, había bancos de arena y se produjo una gran inundación" cuenta Juan Pablo Morisoli, actual secretario de Recursos Hídricos de La Pampa.

Desde entonces, el Atuel ha corrido en forma intermitente dentro de esta provincia, que jamás recuperó su río perdido.

Recuerdos del alfalfar
"Mi abuelo, Fermín Ugalde, tenía sembradas 300 hectáreas de alfalfa. Vendía pasto y semillas de muy buena calidad, hasta que el río dejó de traer agua." El recuerdo proviene de la memoria de Eduardo de Ugalde, nieto de un pionero español que en los 40 ensayó taponamientos para regular el cauce y destinar agua al riego, en La Pampa.

Eduardo reside a la vera del Atuel, a pocos kilómetros del límite con Mendoza, en el puesto "Los Tres Amigos", que aquí todos llaman "el puesto De Ugalde", donde cría vacas y algunos burros. Los alfalfares de su abuelo, que murieron para siempre cuando el río dejó de correr, volvieron a vivir en las declaraciones de testigos que, en 1979, fueron citados para el juicio ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación.

Mucho antes, en 1908, había nacido a la vera del Atuel la próspera Colonia Butaló, en tierras del Territorio Nacional Pampa Central, pero diez años después sus agricultores debieron abandonar huertas y sembradíos, cuando Mendoza interrumpió el curso del arroyo homónimo y selló la suerte de la incipiente colonia.

Décadas más tarde, un productor de apellido Cholaquian realizó en su establecimiento, "La Buena Fe", diversas experiencias agrícolas bajo riego: entre 1978 y 1987 cultivó alfalfa, girasol, maíz y centeno, hasta que una crecida se llevó la represa que había construido, y la iniciativa se detuvo para siempre. Su campo, de 7500 hectáreas, fue adquirido el año pasado por un grupo de productores del oeste bonaerense (América, Sansinena) que pretenden destinarlo para criar vacunos. "El proyecto es viable siempre que exista un río para poder sembrar las pasturas", explicó Sergio Rasilla, para el que "un plan de este tipo sólo tendrá éxito si se garantiza la preservación del recurso hídrico"."Elegimos esta zona, porque con la misma inversión podíamos comprar una superficie de tierra sensiblemente mayor que en el oeste bonaerense. El proyecto es producir pasto para incrementar paulatinamente la carga animal, pero sin el río sería imposible" advierte.

"En el verano de 2003/2004, que fue muy seco, el río permaneció cortado siete meses. Hubo mortandad de animales, prácticamente no existieron nacimientos y desaparecieron hasta las nutrias", contó Juan José Denaro, uno de los productores de la zona más afectados por la ausencia del río. "Ahora, el Atuel lleva dos meses totalmente seco -agregó- y seguramente seguirá así bastante tiempo más,"

Propietario del establecimiento La Vasconia, de 5500 hectáreas, Denaro es mendocino, y reclamó primero a su propia provincia por el corte del Atuel. "A fines de 2003 me presenté ante el Departamento de Irrigación de Mendoza, pero allí hacen como si el río no existiera."

Acudió entonces ante la Defensoría del Pueblo de la Nación, donde el 1° de diciembre de 2004 inició un expediente para reclamar el cumplimiento del fallo de la Corte Suprema de Justicia, y exigir que el Atuel sostenga un curso permanente, con un caudal mínimo fluvioecológico acordado entre las dos provincias."El río debe correr en forma permanente hasta desaguar en el Salado, dándole vida a los bañados que hoy están en riesgo de extinción", opina Denaro. "Sin el río -explica- no hay parición de animales y las pocas crías que nacen, mueren poco después, porque a medida que baja el caudal se incrementa la salinidad del agua." Además, como permanece inactivo durante muchos meses, el cauce se pierde entre bancos de arena y cada tanto, cuando Mendoza suelta agua, el río se desmadra, aislando animales y provocando múltiples inconvenientes a los ribereños. En mayo del año pasado, cuando el Atuel regresó después de siete meses, el gobierno pampeano tuvo que construir un canal aliviador en Algarrobo del Aguila para impedir el anegamiento del pueblo."Este año el corte también es total. Parece que es la política elegida por Mendoza como respuesta a los reclamos pampeanos; antes, cuando cortaban el río, dejaban pasar 15 o 20 días y volvían a mandar agua, pero eso ya no pasa". Denaro se dedica a la producción ganadera y cuenta que "cuando el río se corta mucho tiempo, la sequía provoca mortandad de hacienda, porque la escasa agua que queda se vuelve muy salitrosa y los animales que están en peores condiciones no sobreviven".

Los últimos dos años fueron muy perjudiciales también para los productores de miel, que perdieron su producción y se retiraron de la zona ribereña.

Chivos por ovejas
Actualmente, la principal actividad de subsistencia en los campos desérticos a la vera del río Atuel es la cría de chivos, y algunas pocas vacas. De esta zona surgen los tradicionales "chivitos" (cabritos), que puestos al asador constituyen uno de los platos típicos de la región pampeana subárida. Por su alto grado de rusticidad, las cabras son el único ganado que sobrevive en las zonas extremas.

Sin embargo, hasta hace 50 años, los animales que se multiplicaban en los campos cercanos a Santa Isabel y Algarrobo del Aguila eran ovejas, que se contaban por cientos de miles. "En las majadas de Carrouters, de la estancia Ventrencó, cuyos propietarios eran ingleses, la esquila chica era de 25.000 a 30.000 animales", relata José María Echebeste, uno de los pobladores que declaró durante el juicio entre La Pampa y Mendoza.

Según aquellos documentos, "las ovejas se mantenían con pastizales increíbles, que no los tenía la provincia de Buenos Aires; vivían en los bañados y estaban gordas, porque pesaban entre 60 y 70 kilos, y los corderos se traían en tropas de 3000 o 4000, hasta Telén, donde se embarcaban directamente para el mercado".

En su lucha por recuperar el río perdido, los ribereños pampeanos han sumado a productores del sur de Mendoza, que también sufren las consecuencias de la salinización provocada por el descontrolado aprovechamiento aguas arriba. Según Morisoli, allí también el éxodo ha sido importante y por eso "en las últimas reuniones desarrolladas con productores de San Rafael, se concluyó que son imprescindibles las obras de revestimiento del cauce para recuperar parte del caudal del Atuel, y que la política hídrica mendocina en torno a este río ha sido siempre equivocada".

FUENTE: Por Flavio Frangolini- Para "La Nación" Sábado 19 de febrero de 2005

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