Historias vivas de pueblo

Petra Celia Martínez "Chelita".
© R.M. 2003

"Chelita"
Es parte de mi pueblo.
Es historia viva.
Y vale la pena.


Hay personas que uno quiere.
                     Porque habitaron nuestra infancia.
              Porque eran parte del ritual de una mañana.
Personas que, aunque no frecuentemos, están "ahí", presentes en la "foto" que nuestra imaginación tiene guardada..
...y uno quiere "protegerlas",
      y se emociona por un saludo,
              un encuentro es perfume,
                   perfume que queda dando vueltas por el aire.

Uno fue creciendo con ellos,
...y de grande se dimensiona su figura.
Por eso es bueno
                        detenerse un día con ellos
                                                para hablar
                                                    para acercarnos a quienes son

                                                           tan míticos como simples,
                                                           tan cálidos y entrañables
.



Pueblo pequeño.
Veredas que se dibujan para llevar a casas amigas.
También caminitos que se inventan para apurar la llegada.

Siestas calurosas o tardes muy frías invitan a reunirse. Familiares que se unen sin mezquindades...amigos entrañables que se tiñen con la misma sangre
para siempre.

"Chelita" perteneció a ese Toay, y pertenece hoy , porque su sentimiento es el mismo.
Está arraigada a éste lugar. Aquí está su casa, la de siempre, en la que nació, a la que regresó , la misma que hoy habita, donde cada planta tiene su historia, donde las paredes hoy le pueden dictar recuerdos.
Petra Celia Martínez , "Chelita", nació en Toay el 10 de marzo de 1920. A los 3 años se fue junto a sus padres a España. Allí fue a la escuela y estudió Corte y Confec
ción.
En España creció...pero vivió latente en ella el recuerdo de ésta tierra transmitido por su madre permanentemente.
Y con acento español regresó, en 1935. Sus palabras tenían música de otra tierra, pero ella había regresado a éste, su lugar, de médanos y viento, de llanura ,de horizonte amplio y cielo para siempre.
Volvió con su familia para recomenzar, aunque no todo estaba como lo había soñado tantas veces. Pero la pobreza, la desolación no la abatieron.

Chela tiene la mirada clara, celeste.
Sus pequeños ojos brillan, y hay destellos de picardía, travesuras escondidas, complicidad y simpleza. Su andar es rápido, ágil ,su actitud, entera.
Y un corazón dispuesto.
             - Los que ya no estudian, ¿qué harán ? - pensó alguna vez.
Y tres veces a la semana ( lunes, jueves y sábado ), en tres horarios,
dió Corte y Confección.
Enseñó lo que sabía, con lo que tenía, una cartulina y un centímetro.
Enseñó como pudo, ingeniándose como no lo haría el más didáctico de los maestros.
Enseñó porque se lo propuso, hasta a quien no sabía de números.
Y fue bueno que alguien luego le agradecería. Lo que ella quiso transmitir, "sirvió".

¡Cuántos años cociendo!
¡Cuánto apuro para aquellos bailes !
¡Qué detalles a la hora del planchado !
Y trabajar por pocos pesos.
Y no oír propuestas de otros lugares donde la recompensa era mayor.
Chela estaba segura de quedarse aquí.
Ser útil cociendo, o atendiendo el negocio.
Sentirse feliz de ir caminando por la calle, saludar y sentir la "pertenencia" al lugar, al aire que se respira.


Es bueno vivir el presente y disfrutarlo.
       Pero vale la pena acariciar recuerdos, no esquivarle a la
                                   nostalgia.
                     Porque suele entibiarnos el alma.
                        Porque resucita sentimientos.
Retornar al pasado. Convocar a los recuerdos
Hace que valoremos lo logrado, o nos permite repensar ¿que hemos hecho para perder lo que hoy es tan sólo recuerdo ?

Es un torrente fresco.
Es una presencia clara y movediza.
Se derrama por ella picardía.
Me trae recuerdos de mandados, aquellos tiempos de escuela: pinturitas y gomas, el cambio de cuadernos, carpetas para bordar e hilos de colores...y con lo que sobraba, alguna golosina suelta.
Chelita, la hija de Crisanto Martínez...o Chelita, la de Crisanto...
convertida también en "Chelita Crisanto" ( como si fuera apellido ).

¡Qué importante es hoy cruzarla por la calle y recibir su saludo!
Un saludo dibujado en cada huella de su rostro,
reflejado por en el brillo de sus ojos
pronunciado por su acento, que viene de lejos,
pronunciado siempre con alegría.

"Chelita"
Es parte de mi pueblo.
Es historia viva.
Y vale la pena.

R.M. - febrero de 2003 © soydetoay

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