CUADROS DE UNA EXPOSICIÓN
Por: Rodrigo Fernández





La Escuela 5



El primer día de clase del año 1936, hacen ya nada mas y nada menos que una eternidad, la infancia estrenaba un guardapolvo blanco para acceder al universo de la instrucción primaria obligatoria y acompañado de un estado de terremoto emocional, transponía el umbral de la enorme puerta pintadade verde inglés de la Escuela No5.
Sin saberlo estabamos inaugurando un camino de obligaciones y deberes establecido institucionalmenteentre el hogar y la escuela, un pacto no escrito sin el mínimo resquicio por el cual pudiera colarse la opinión del educando. Así eran las cosas, pedagógicas y no pedagógicas, por aquellos tiempos de preceptos rígidos y normas establecidas, elementos tan afincados en el sistema socialque formaban una muralla inexpugnable, unidas a ciertas mentalidades de origen colonial.
Tratemos de ubicarnos en el TOAY de los años 30 para analizar algunos esquemas y para el caso valga un ejemplo. Por decreto de la superioridad, la letra inclinada estaba proscripta y como en el primer grado de 1936 no había casillero de alternativas ni buzón de sugerencias, la letra de los alumnos debía ser y era derecha.
Entonces la letra "a" era redondita, con el cuerpo tangente en el punto medio de los lados de la cuadrícula, con una colita partiendo del costado derecho, primero hacia abajo y luego de describir una curva hacia afuera, proseguir radialmente hasta una media altura de la cuadrícula siguiente, punto en el cual empalmaría con la próxima letra. Sobre este esquema fundamental de la letra "a" se escalonaban las demás letras para ir formando las palabras, con las palabras las frases, con las frases los párrafos, con los párrafos las páginas y con las páginas los libros ... que eran la fuente del saber. Con esta compresa educativa aplicada sobre las cabezas, las manos infantiles garabateaban cientos de letras "a", redondas y derechas, buscando la perfección.
Yo quería ser escritor. Mi sueño era dar vida a un poema épico, escrito con letra inclinada, en el que San Martín entrara a caballo por la puerta verde, las dimensiones de la misma lo permitían, y nos liberara a todos de la monarquía reinante, tal como lo había hecho en sus campañas de Chile y Perú. Lamentablemente, no pudo ser.
Como festejo del Día del Arbol, cada alumno de aquel 2do grado plantó su eucaliptus en pleno arenal del patio de la escuela. El mío era el segundo de la fila interna y durante mucho tiempo cumplimos rigurosamente el compromiso de regarlos durante el recreo, bajo la dirección del Sr. Felipe Delarada, una bella y respetada persona. Los árboles arraigaron y los vimos crecer con el orgullo de haber plantado el árbol de nuestra vida, cumplimentando el clásico aforismo.
Cincuenta años después - pude verlo sin que me lo contaran - vino una Directora progresista, ecologista ella, hacha y motosierra en mano y ...siempre habrá una parte de la historia de lacual mejor hubiera sido no enterarse.
Quienes hemos vivido algunos pocos y ya distantes años dentro del espacio enmarcado por los sólidos muros de la Escuela No5 de TOAY, no podemos olvidar el espíritu que dejara en nosotros y que ha de vivir por siempre, marcado por quienes fueron sus maestras de todas las épocas. Pienso que aquellos niños que dibujaban los palotes derechos ó inclinados en los años de la historia, nos llevamos una parto de sus vidas y todo su amor para enfrentar un mundo imprevisible. Nadie podía siquiera imaginar que nuestras generaciones atravesarían los momentos mas crueles del siglo, las guerras, los genocidios, el hambre de los mundos marginales, los avances de la ciencia, la devaluación de los valores sustanciales, las grandes transformaciones económicas, los encuentros
y los desencuentros de la humanidad y tantas otras disímiles cuestiones que han signado nuestra trayectoria desde aquella cuna de arena y eucaliptus.
En verdad quedará por siempre en nuestro mundo ese pequeño pedacito de sol que nos regaló la escuela.Fue bueno y único porque allí fuimos amados como solo sabe hacerlo la buena gente al modo de la época bien es cierto, pero con la pureza de los amores auténticos, cuando el amor no se detiene en formas porque su esencia lo abarca todo, sin dejar un espacio de vacío ni esperar siquiera una respuesta.
Podríamos hacer un cuadro muy grande con la memoria de la escuela. y cada quien hará el suyo con solo abrir el arcón de los recuerdos para encontrar, preservado por los afectos, un pequeño enorme único espacio de sol, detrás de una sólida puerta pintada de verde inglés.
Siempre ha de resultar una muy bella obra de arte.
 
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