Aquellos Juegos
por Raúl "Buby" García Córdoba




La Tarosta


La bolita
Otro de los juegos que tenían su temporada, era el de la "starosta" (o "tarosta", como se decía mas vulgar y simplemente). Se adquirían en alguna librería (de Varela o "La Ideal" de Chabela Martínez, negocio éste que aún existe y que la propia y "españolísima" Chabela sigue atendiendo), y venían "envasadas" en pequeños sobres, en cuyo interior se encontrarían unas cinco o seis "figuritas" (que era el otro nombre que dábamos a la "starosta"). Eran redondas, de cartón fuerte y fino. En una de sus caras, traían impresas en colores, jugadores del fútbol profesional; pilotos de automóviles; escudos de los clubes; estrellas de cine; boxeadores y otras figuras del deporte y de actividades que gozaran de la preferencia popular.
Las especialidades de este juego, eran "la tapadita" y "el espejito". En la primeras se arrojaban las figuritas contra una pared, hasta que alguna tapaba a otra, aunque mas no fuera en un pequeñísimo ángulo. Quien esto lograba, ganaba todas las figuritas que se habían arrojado hasta ese momento. En tanto, "el espejito" consistía en colocar una figurita contra la pared, de plano, y disparábamos sobre ella con las restantes, uno por vez. Quien lograba derribarla, se llevaba también las ya jugadas. La distancia en que nos colocábamos, era de mas
o menos dos o tres metros. Había quienes tenían la rara habilidad de colocarlas entre la cara interna del índice y la externa del pulgar, logrando excelente dirección y "puntería". El planeo que ese disco de cartón desarrollaba en su corto vuelo, era un espectáculo complementario del juego. Cuando alguien alcanzaba cierta destreza, no siempre encontraba rivales, cuando "desafiaba" para un partido. Las "chapitas" era otro entretenimiento similar al de las figuritas. Pero mas barato. Juntábamos las tapas de gaseosas y cerveza, las colocábamos contra un yunque o contra un piso duro, o madera dura, y con un martillo las "aplanábamos", sacando el trozo de corcho que tenían en su centro.
En los juegos de bolitas; honda; "tarostas" o "chapitas", quienes sufrían eran los bolsillos de nuestros pantalones. Estos eran "la caja fuerte", durante todo el día. Siempre se encontraban abultados, circunstancia ésta que no nos importaba, por supuesto.No era de extrañar que en todas nuestras actividades, tanto de entretenimientos como deportivas,surgieran "diferencias". Estas se allanaban, previa discusión, con un intercambio de golpes o cuando menos, con algunos empujones y desafío. El "retiro de embajadores que este desenlace traía aparejado, no duraba mucho tiempo algún par de horas y si era muy grande el resentimiento,
no mas de un par de días. La reconciliación volvía pronto. Es que los grupos eran pequeños, y todos teníamos necesidad de los demás para poder jugar y no quedar marginados.
Como complemento de nuestras diversiones, ocasionalmente aparecía por el pueblo algún parque. Se instalaban en la esquina que hoy ocupa el Parque Infantil. Con algunas monedas en nuestros bolsillos, alguna tarde nos era permitido concurrir. Alguna vuelta en calesita; o en las "hamacas voladoras", o en alguno de esos otros juegos de habilidad, buscando obtener un premio -que nunca podíamos ganar-, nos daba la oportunidad de encontrar alguna "variante" a nuestras ocupaciones y charlas...

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