Comunidad Ranquel Toay


Muerte de Mariano Rosas


"Corría el mes de agosto de 1877 cuando la viruela
-presumiblemente- acabó con la vida del gran cacique
ranquel. Tendría un poco más de 50 años... "


Los últimos años de Mariano han de haber sido especialmente amargos. Cuando Mansilla baja a los ranqueles en 1870 nos lo retrata en un momento medianamente apacible. Pero poco tiempo después la paz pactada es destruida.
En 1872, el general Arredondo combinado con Roca le dan un malón sorpresivo, en tanto que lo habían estado engañando con promesas. En carta al ministro Gainza. Arredondo había hecho expresos sus planes contra los ranqueles:
"Anteayer les mandé una comisión, compuesta de un pariente de Mariano y otros indios, que le llevan al cacique propuestas de paz y compra de cautivas, y también regalos de aguardiente, con el objeto de desvanecerles cualquier sospecha que tenga. Espero sorprenderlos..."
Efectivamente los sorprendieron a fines de mayo, y hubo gran matanza en los toldos. Qué razón tenía el cacique cuando dijo a Mansilla dos años antes: "Compadre, los cristianos siempre que han, podido nos han muerto".
Cuando luego vienen los requerimientos de que se sometan de una vez por todas al gobierno nacional, Mariano Rosas escribe al Padre Donati (de los franciscanos que acompañaron a Mansilla en la excursión): "digo a usted que es imposible aceptar tales proposiciones... Tengo en vista los sucesos anteriores. Siempre los tengo en mi cabeza.. Yo trabajaré sin descanso a fin de conservar la paz, pero salir a los cristianos me es imposible, porque todo hombre ama el suelo donde nace".
Merecería un análisis muy profundo el rol que jugaron los sacerdotes de distintas órdenes en los años precedentes a la Conquista del Desierto. Los franciscanos con los ranqueles, los lazaristas con Namucurá luego los salesianos. Eran, ciertamente cómplices de la "gesta civilizadora" que pretendía someter a los indios, pero el caso es que en ese tramo final fueron los únicos reconocidos como interlocutores por los caciques, los únicos a quienes creían que todavía podían recurrir.
Mariano no participó en el Malón Grande de Namuncurá en 1876 (aunque es probable que alguna de su gente haya tomado parte), pero de nada le valdría su esfuerzo por hacer un buen papel. Cuando Alsina pone en marcha su plan de ocupación progresiva y el sometimiento definitivo de los indios. Roca truena por su parte que es necesario averiguar "qué provecho se puede sacar de estas tribus, saber si son o no aptas para el trabajo, o si tienen que sucumbir como los pieles rojas en América del Norte, a quienes tanto se asemejan, ante las necesidades siempre crecientes de la Civilización".
La enfermedad, el destino, salvaron a Mariano de ser testigo del holocausto final. Es posible que haya sido a causa de la epidemia de viruela, que desde 1874 había empezado a hacer estrago en las tolderías ranqueles.
Alhué mapu - país de las ánimas- era el nombre que los mapuches daban al otro mundo, y ellos se lo representaban como una borrachera sin. Hacia allá marchó un día frío de agosto de 1877 el gran Zorro Cazador de Leones (Pangui-truz-gner).
Una noticia de sus exequias aparecida en e1 diario "La América del Sur" dice lo siguiente: " A las 24 horas después de haber dejado de existir fue llevado a su última morada, acompañándolo todas indios de Ramón, Cayomuta, de Epugner y de Bogorrita. Las mujeres lloronas seguían angarillas en que iba conducido por cuatro mocetones. Legado que hubo e! cortejo al sitio que debía ser sepultado el cadáver, varios cautivos e indios procedieron a abrir un gran hoyo. Mientras unos hacían esta operación otros degollaron tres de los mejores caballos del finado y una yegua gorda. Después de haber concluido de abrir el hoyo se hicieron las ceremonias de estilo. En la fosa se sepultaron los caballo, la yegua, varías prendas del finado, etc. Para que pudiese emprender su largo viaje con felicidad. Encima de todo se puso el cuerpo de Mariano y los capitanejos fueron los primeros que echaron tierra sobre su cadever. En ese mismo lugar, las mujeres han pasado dos días llorando y los hombrtes desechando penas, es decir, emborrachándose. He aquí cómo cumple sus deberes los hijos de La Pampa."
Su tumba fue profanada en 1878 por la columna al mando de Racedo, su cráneo separado y entregado "como objeto de estudio" al doctor Estanislao Zeballos. Junto con el de Calfucurá sería depositado luego en el Museo de Ciencias Naturales de la Plata, con el nombre garabateado sobre el hueso, hasta su reciente restitución.
Diario "La Arena" SUPLEMENTO 1+1 "Indígenas" - miécoles 14 de noviembre - Año 2001 - Pag7

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