Tomás Domínguez


Cola de lagarto o iguana


Este plato quizá resulte más sencillo de preparar que la tortuga, lo difícil en este caso es cazar la presa, es importante no confundir lagarto con iguana, pues en este error está el riesgo, porque no es lo mismo llegar que quedar cerca.

Si querés comer lagarto
apretate bien la faja
en una de esas te ataca
y te hace pegar un sarto. (*)

Ahí está la diferencia, la iguana es mansa, de color tostadito claro, rosadito cuando recién pelecha, mide unos 8O cm (el macho es más grande) y tiene unas líneas (más afeminadas) más bonitas.
En cambio el lagarto es de color oscuro con manchas amarillo oscuro, de menor tamaño que la anterior y se define por su aspecto feroz, es muy peligroso, ataca directamente.
Estos dos animales que pertenecen a la familia de los reptiles anfibios, son físicamente muy parecidos, en cambio sus reacciones son muy distintas. Bien: hecha esta aclaración, ya tengo las colas, tomo la de iguana que me gusta más, la tapo con ceniza caliente unos veinte minutos, por supuesto la toco de vez en cuando con el tisonero, cuando el cuerdo de la cola se llena de agujeritos que hierven y todo queda blandito es la señal que está para comer, échele sal.
Tómese un amargo. El cuerpo de estos dos animales es totalmente comestible, pero ya se requiere otro procedimiento.
(*) Sarro: Salto. Vocablo que el autor escuchó usar a los chilenos.


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