Tomás Domínguez


El Lechuzón


El Oeste tiene sus encantos, ocultos para unos, a la vista casi palpables sise quiere para otros, la naturaleza es tan sabia y perdurable, de ella se pueden aprender muchas cosas buenas y útiles.
De La Reforma al Oeste unas 12 leguas, hacía tiempo que estaba metido en esos lugares, a mí la verdad tratándose de campo soy como todo animal, me gusta. Es decir, me siento bien, libre, dueño de todo lo que me rodea y por supuesto también de mis actos, esa es la idea de ese medio día. Como de costumbre ver quien vive o deja de hacerlo y por qué razón. Lugar bastante difícil de recorrer porque aparentemente todo el terreno es igual, este fenómeno se da en varios lugares del Oeste, por tratarse se planicies bastante dilatadas. Allá lejos una pequeña depresión parecía extenderse hacia el Sur. Un rastro grandote de puma, llama mi atención, ah! veamos en qué cosa anda este señor, me digo a mí mismo, porque ya el puma había ido tomando algunas precauciones, luego de echarse varias veces y preparar las patas como el gato, más adelante comienza a arrastrarse, señal que la presa está muy próxima, ya pegó un gran salto como de tres metros, le saca pelos de un zarpazo a una liebre del país que se escapa por rara coincidencia, sin pérdida de tiempo la saca corriendo los primeros 500 metros de carrera fue a muerte, de ahí en adelante la liebre comenzó a aventajar cada vez más y más hasta que al fin el puma viendo que la presa se iba y vencido en su capacidad de carrera, luego de un largo salto por sobre los yuyos se deja caer hacia la derecha para quedar echado, cansado y con el mismo hambre que llevaba antes. Eso sí que era lo que se llama correr la liebre.
Continúo en mi observación la carabina se empezó a poner pesada cada vez más, al fin para qué la traje! si no hay ni pajaritos para cazar; tiré un tiro así como para romper la rutina del silencio agobiante que parecía apretarme con una fuerza extraña contra el suelo.
La pucha campos pobres! con razón...
Nada, nada que distraiga la visual. ¿Cómo nada?, ¿Y ese lechuzón? efectivamente, allí estaba mirándome con cierta curiosidad, casi sin pensarlo, pun, bicharraco al suelo, corro, trato de agarrarle, aletea, se remonta malamente, hace unas piruetas y cae, allá voy, me está mirando con hermosos ojos amarillos, bien redonditos y esa cara de hombre viejo y bonachón que tiene; la herida no es mortal apenas la bala le ha cortado algunas plumas de la primer coyuntura del ala derecha. Ahjá! mejor es así pobre bicho, lo llevaré al campamento, lo curo y cuando sane lo largo; voy a agarrarlo, zas, se vuela pero cerca vuelve a caer así esta operación se repite corno tres veces, pero como siempre volaba en sentido que yo iba, así que yo también lo seguía, pero en un vuelo de esos se eleva por sobre mi cabeza, hace gambetas en el aire para desplomarse al suelo en forma muy torpe a unos 30 metros de donde yo me encontraba. Bueno parece que a éste se le terminó la cuerda entonces le he pegado adonde apunté, no podía fallarme tan feo el ojo, me jactaba mientras iba en busca de mi presa que oh! sorpresa no veo cuando llego al lugar. Seguro que está muerta, parecía, de todos modos lo busqué para curioseado pero no aparecía por lado alguno, di vueltas y vueltas y nada. Caramba! no puede ser esto si que parece cosa de bruja. No, yo tengo que saber qué pasó aquí, busco el lugar exacto, aquí, aquí, efectivamente ahí al reparo de un pasto se veía el rastro de las pisadas del pájaro pero a su vez también había huellas como de uñas y algunas plumitas desparramadas indicaban que algo raro estaba pasando, aplico mis conocimientos de campo y compruebo que a cierta distancia tras de mi, un zorro seguía mi rastro, de modo que cuando el lechuzón se volvió para atrás fue a parar muy cerca o casi en la boca del zorro; don Juan no es ser de perder oportunidades. Más con la escasez de caza que había en ese lugar. Tal es así que las vizcachas no salían de sus cuevas por varios días. la que así lo hacía, la que se aventuraba a salir a más de tres o cuatro metros de la cueva seguro moría en las garras de los pumas, esto lo comprobé más de una vez. En ocasiones los pobres animales se arriesgaban durante la noche hasta donde tirábamos los desperdicios de alguna res o los sobrantes de nuestra comida.
Todo esto también es parte de nuestra Pampa poblada por seres en su estado natural. El hombre convive con ellos de acuerdo a las circunstancias...

"Allí donde la fiera anida
el hombre también la pasa".
Martín Fierro


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