Tomás Domínguez


Oeste pampeano


Pobre Don Lucio Navarro! Soguero de profesión. Escucho del Bardino decir esto: mi memoria que anida tantos recuerdos y don Navarro es uno más, hombre de pocas palabras, la verdad que muy poco confidente, vivía cruzando el cajón del río hacia el Este, pegado a la tapera del gringo. Una linda tarde de sol no sé por qué causa llegó a su rancho hecho de pichanas. Hola! Cómo le va don Lucio.
Bien Cacho. Está afilando el cuchillo para desfilar tientos?
No, estoy por afeitarme.
No me dirá que con ese cuchillo? Ja, Ja.
Me quedo allí largo rato con la curiosidad de saber si era cierto que se afeitaba con el cuchillo; efectivamente sí lo hacía, fue la única vez que vi este procedimiento.
Yo lo trataba siempre con el respeto que mi padre me inculcó, pues era amigo de don Lucio, y como tal lo saludaba cuando tenía oportunidad de hacerlo, Siendo muy chico conocí a este hombre, uno más de tantos, no recuerdo dónde, pero sí tengo presente que era morocho, cerrado, de barba, no muy alto, un metro sesenta centímetros quizá, parecía que las palabras le salían por boca y nariz a la vez. Decía de él mi padre: este Navarrito, así lo llamaba, en su tiempo no fue nada zonzo, en una jugada unos tramposos que se las dan de gauchos, le ganaron toda la plata que tenía y Navarrito les jugó de trompa (quiere decir sin dinero) perdió también; por supuesto se armó el lío, trataron de manotearlo (agarrar con la mano) Navarrito esquivó el cuerpo, a uno le tiraba un puntazo, a otro le tiraba tierra, creo que eran tres o cuatro, los tenía ahí medio confusos; cuando lo querían rodear echaba mano al revólver y les decía: los voy a quemar a balazos, se les tendía por el suelo cambiando de posición en todo momento. En ese interín intervienen otras personas para apaciguarlos. Termiria la pelea, mi padre lo lleva a Navarrito hasta el palenque lo convida para irse a otro lugar, así se evitaban males peores. Salen por el camino conversando, luego de un largo trecho ya tranquilo Navarrito desmonta del caballo, arma un cigarro y le dice a mí padre. Ta que Habían sido jodidos éstos, mire con qué los paraba! diciendo así sacó el revólver; no tenía ni tambor ni caño, sólo era la parte de la empuñadura que brillaba porque él lo había limpiado con ceniza, Con razón no lo sacaba, si los enemigos se enteran seguro que Navarrito no iba a estar con la Jesusa, su mujer, en Algarrobo del Águila en el año 1.940.


| Portada | Prólogo | Tortuga asada | Cola de Lagarto | Chaya en bolsa | Te pampa | | El chileno Mulena |
|
El chileno Martínez | Oeste pampeano | Rastrear | Rastros de animales | Yarará | Gato Montés |
|
Gato Bayo |
Bamdurria | Lechuzón | Pelea de Gatos | El zorro y el gato | Hormigas |








| Inicio | contacto |


Subir
  Los textos, dibujos y fotografías que aparecen en este website están debidamente autorizadas para poder ser publicadas en el sitio. Quedando de esta forma prohibida cualquier reproducción sin el permiso explícito de los sus autores. © 2000-2002 COPYRIGHT