Tomás Domínguez


Rastrear


Este relato es uno de los que se mete muy profundamente en mí interior, pues me crié palpando muy de cerca todo lo que aquí cuento. No voy a decir que fui famoso en la zona, por saber de rastros, pero si fui respetado. Aún recuerdo cuando me enrolé, en aquel tiempo el juez hacia estas cuatro preguntas: ¿sabe andar a caballo? si. ¿Sabe conducir automóviles? no. ¿Sabe nadar? si. ¿Qué sabe hacer mejor? Yo soy rastreador. Así con cierto orgullo.
Hablar de rastrear con la gente de la barda es un tema bastante serio, y curioso el modo de su deducción en ciertos aspectos.
La verdad que me atrevo a decir que este conocimiento en profundidad, pisa los umbrales de una ciencia. Aún cuando sus conocimientos se adquieren sólo por práctica, sutileza visual y deducción.
Varios son los factores que influyen y a los que es necesario mantener muy presente en todo momento. No todas las personas tienen la perspicacia necesaria para este cometido.
Averiguar este secreto, entra ya en la sagacidad y diplomacia campera, la que es utilizada en beneficio propio. (Robar).
El rastreador entiende perfectamente las costumbres de todos los animales que se muevan en su campo y los alrededores. Esto lo asocia con los cambios de tiempo (factor climático) fases de la luna y estación del año. Es observador y de deducción rápida.
Un aguilucho de pecho blanco le da el pronóstico de cómo será de nefasto o benigno ese día de labor. Y así ante la vista de aquel hombre que sólo sabe de animales, campo y de interminables noches que también forman parte de su diario trajinar, van pasando los rastros de todos los seres que habitan esos lugares, tal como hoy vemos una película en el cine o en la pantalla de televisión, el hombre mira, observa y aplica sus conocimientos prácticos.
Así pues, el rastro de la liebre del país (mara) le indica si el día será apacible o inestable.
El rastro de un piche le indica si vale la pena perder tiempo en su busca o está flaco.
Un rastro de iguana es importante si está cerca.
El rastro de tortuga no le da importancia, salvo que ésta ande buscando donde hacer postura.
Ve un rastro de avestruz sabe si es moro, overo, macho o hembra y casi hasta por qué cruzó por ese lugar.
Rastro de puma indica, que le ha comido las chivas al vecino y también puede comerle las suyas. Dos leguas más adelante fijarse si cruzó en esa dirección.
Rastro de zorro, el macho es más grande y se mueve más recto. La hembra es de pata chica y media redonda, además se mueve de un lugar a otro.
Rastro de peludo, gordo, asienta toda la pata trasera, flaco pisa sólo con los dos dedos y uñas de las patas traseras.
El perro ovejero, galgo, policía y cuzco tiene rastro distinto.
Rastro de gato montés, es redondo, tres taloncitos, asienta la yema de los dedos menos las uñas.
Gato bayo igual al del león o puma, tres taloncitos y como si pusiera una almohadilla de lana en el suelo. Sin uñas.
Rastro humano, se puede por la pisada, si es alto, flaco, bajo o rechoncho, varón o mujer.
De este modo van pasando por la mirada de este hombre el rastro de lagartijas, arañas chinchimoyes, víboras, cortas, largas y para el lado que se dirigen. Así pues que quien posea esta habilidad es tenido en cuenta si es que de robar se trata. Por eso digo que saber rastrear es una ciencia.
Seguir el rastro lo sigue cualquiera pero de ahí a saber y entender lo que ese rastro indica hay mucha distancia. Ahí entra esa parte que no todos conocen en profundidad.
Trataré de explicar en forma lo más explícita posible el rastrillado de una acción de esta naturaleza. Allá en los campos del Oeste que por 1930-40 no tenían más límite que el propio horizonte, campos, pasto y el mismo infinito.
¡Allá! va el criollo de campo montado en un buen caballo, no es un animal bonito, ni de clase ni para nada por el estilo, pero sí es un animal que responde a las duras exigencias del quehacer cotidiano. La gran sabiduría es montar un caballo y saber si llegará al fin de la jornada, es decir, resistirá el tren de marcha que se le exigirá o tendrá que tomar otro caballo en el campo.
La marcha normal es trote, de acuerdo al terreno galope, para un lado o para otro según como se haya movido la hacienda, correr y en otras también disparar.
Corta un rastro de vacas, seis o diez, hacia cualquier lado, no se detiene a mirar como en las películas, ni se pone la mano en la frente, no, cruza con igual paso de marcha, sea trote o galope, pero sí cuenta los rastros de los animales grandes.
Por ejemplo 3 vacas grandes, vaquillonas, un toro, a los terneros poco los cuenta. La deducción es la siguiente: las vacas viejas no se van lejos, las vaquillonas no se apartan y los terneros menos. Y el toro, en época de celo seguirá a las vacas, de lo contrario vuelve solo. De acuerdo a la hora que salieron, tarde, noche, madrugada o mañana. Con una pequeña inclinación en el recorrido hacia el lugar donde salieron, en un tramo de 800 a 1000 metros tienen que encontrarse los animales o el rastro. De lo contrario se buscan decididamente. Este hecho se daría en tiempo normal.
La estación invernal con sus grandes temporales con lluvias persistentes, con viento Sur, a veces tienen una duración de semanas, arrean la hacienda vacuna y con el frío comienza a corretear, luego toma un modo de trote que lo lleva a recorrer grandes distancias y mesturarse con otras haciendas, en tales circunstancias es necesario andar muy alerta, pues el refrán dice: a río revuelto, ganancia de pescadores.
El hombre en su recorrido observa el rastro que entra a su campo, manteniéndolo en cuenta por dónde sale y cuántos salen.
Además los rastros no son todos iguales como parece, existe siempre diferencia entre si. Ver este rasgo, es la gran sabiduría, aún cuando la hacienda sea de la misma clase. Por ejemplo, la vaca colorada con cierta mestización, el rastro tiende a redondearse, es corto, yo diría grueso.
La vaca pampa, es de pezuña más larga en las patas traseras que las delanteras. La vaca blanca casi siempre tiene la uña torcida.
La vaca negra ordinaria como la que había en Chicalcó, tiene el rastro cuadradito en las patas delanteras, alargado y un poco deforme atrás.
Por último la vaquita criolla, es chiquita, pura cabeza, más mala que tomar aguas sudando, tiene el rastro parecido a todos menos una vaca. Se parece más al rastro del guanaco, así medio desparramado y deforme y no está de acuerdo con el porte del animal.
Una de las fases más difíciles para el rastreador es saber cuánto tiempo lleva de imprimido el rastro. Se hace necesario retroceder en el tiempo. Si éste es oreado, si es reciente o de qué tiempo data, hora, horas, medio día, días ó 20 días, a veces, según lo que sea, meses.
Esta es la esencia del secreto, saber esto se hace imprescindible, aquí entra en acción la intuición automáticamente con la vista y el cerebro. Ah! eso si el rastro muestra algo que elimina toda duda, en cuanto al tiempo que lleva imprimido, pero se debe de tener muy presente los factores climáticos del momento y retroceder en el tiempo lo que se estime necesario. No olvidar el lugar donde está, cómo está y en qué clase de terreno.
Ejemplo: verano, plena siesta, en playa dura, gredosa, los rastros son iguales (arenosa, ripio, pasto, terreno salitroso, todos). Ese el primer cuarto; después del meridiano ya las cosas cambian, comienzan a vislumbrarse los rastros con más nitidez y a la entrada del sol ya puede pronosticar con bastante acierto.
El invierno es la estación más propicia a confundir los rastros, ya sea por helada o neblina. Se mantienen aparentemente frescos, pero es sólo un engaño que el rastreador conoce, es entonces cuando digo rastreador en el tiempo, acordarse del estado del tiempo de tres días atrás, una semana, quince días o mes. Desde ya les advierto que no es preciso desmontar o mirar el rastro como muchas veces se ve hoy. Lo más que hace es detenerse y mirar, si está en dudas, gira en círculos para verlo de distintos ángulos, nada más. Después sale chiflando bajito hasta alcanzar alguna altura desde donde otea.
Luego cruza en otra dirección tratando de ver nuevamente el rastro, eso fue lo que hizo don José Sosa, cuando el rastro de la tropilla se la confundió con el de perdices.
Así a mi modesto alcance, explicaré las características sobresalientes que presenta un rastro.
En una o dos horas: la tierra movida aún está húmeda y el rastro se ve muy pero muy visible. Luego a medida que transcurre el tiempo ya comienza a caerle tierrita, es decir la tierra al secarse cae en el pocito de la pisada.
Pasa el tiempo, ese mismo rastro pierde toda señal de nuevo para ser oreado, eso puede darse en 6 horas de acuerdo al tiempo reinante, factor importantísimo, puede estar lloviendo, corriendo fuerte viento, mucha luz o poca visibilidad.
Hablemos mejor de tiempo normal. Al medio día es plenamente visible y fácil de contundir pero las huellas predominantes han desaparecido. A la caída del sol, está totalmente visible pero la sombra que avanza le señala das caras, una oscura y otra bien blanquita donde da el sol, eso permite ver las das fases del rastro y por zonzo que sea el rastreador, verá uno aparentemente sin alteración, en çambio al que le da la luz estará bastante borrado ya sea por el tiempo transcurrido y verá señales de rastros de pequeños animalitos o insectos que han cruzado sobre el mismo, formando los rasgos más sobresalientes.
Veinte días después ese mismo rastro sólo presenta la forma borrosa que le imprimió el animal al cruzar.
Aquí viene esa parte donde el rastreador tiene que conocer muy profundamente los rastros para saber si es el mismo, dos o cinco leguas más adelante.
De la jerga pajuerana al decir de un rastro:
Rastro nuevo: visible
Rastro viejo: borrado
Rastro venteado, semi borrado por viento
Rastro mojado, se ha producido entre la lluvia.
¿De cómo se rastrea? Es muy sencillo. Conozco dos sistemas. El primero, es aquel donde la persona que lo ejecuta sigue el rastro como si éste tuviera un imán, dando todas las volteretas que el animal ha hecho, éste seguro que termina más perdido que turco en el Salado, porque da tantas vueltas que pierde su propio sentido de orientación. No es aconsejable ya que tarda mucho en avanzar, El segundo método es el siguiente: supongamos que el hombre rastrea cabras. Son animales muy andariegos de paso ligero por lo que recorren grandes distancias en pocas horas. Se debe tener en cuenta que por medio del rastro tenemos que darle alcance a un animal en movimiento, de modo que se imprime una marcha lo más rápida posible.
Se cruza el rastro para calcular el número de animales. Se deja la rastrillada, ya sea a derecha o izquierda, según como se presenta (a esto se le llama mano) ejemplo: dejé el rastro sobre esta o aquella mano. ¿Saben del por qué este modo? pues la gente, allí, pocos son los que conocen el nombre de estas extremidades.
Sigo rastreando al galope, pero no por sobre el rastro, porque de hacerlo a los 300 metros o menos ha perdido todo contacto con él. Lo hago sí, dejándolo a mi derecha, sigo al galope despreocupadamente pensando en las vecinitas del lugar, que fulano cruzó los otros días en esa dirección, siento curiosidad, celos y a veces alegría que me impulsa a improvisar cualquier pavada.

Lindo tu pingo y tu pelo
más bonita tu pollera
sentarse en el pingo mío
y dejar la polvareda o polvadera.


Así de este modo sigo tomando contacto con los rastros cada dos o tres kilómetros, sin cruzarlos por encima, de ser preciso lo hace pasando totalmente de un lado a otro del rastro.


Si la noche con su manto
va cubriendo el infinito
ya busca algún reparito
mientras voy hablando solo
y esperar de algún chingolo
escucharle su cantito.

Ato el pingo por si acaso
donde lo tenga a la mano
pues solito allí en el llano
toda precaución es poca
no se sabe a quien le toca
es como piensa el paisano.

Metido en el flechillal
está en su propio elemento
pues canturrea contento
pero les quiero decir:
que el criollo antes de dormir
seguro otea al poniente.

La barda todita entera
es la vida para mi
de ella mucho aprendí
y fue mi mejor amiga
iCuántas veces mi fatiga!
En su regazo escondí.

Es trampa en noche oscura
es luz a la luz del día
¡Ah la pucha! quien diría
todito se ve al naciente
pero si no estás en la cima
nada sabés del poniente.

Tal como una oración
va un ¿qué hará mamá?
Antes de echarse a dormir
cansado triste y hambriento
pensar y contarse un cuento
y al otro día seguir...

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