Tomás Domínguez


El zorro y el gato montés


Ahora se trata de contarles algo que ocurrió allá lejos entre "La Amarga" y Gobernador Duval, lugar triste y desolado, la única alegría era escuchar el ruido de los motores, cuando éstos se detenían por las tardes, un inmenso silencio se apoderaba del lugar, algo inexplicable pasa sobre nuestro campamento, tornando todo silencioso y lúgubre.
Un casal de calandrias eran los únicos bichos que se arrimaron allí y como hallaron buena acogida se quedaron alegrándonos nuestras existencia todas las mañanas con sus cantos y piruetas. Unos 25 días después ¡oh!, que admiración un chimango pasaba volando, describió un pequeño círculo frente a nosotros nos miró como a bichos raros para continuar su viaje hacia la salida del sol.
Una tarde salgo a curiosear a ver si encontraba piches o algún otro ser viviente que rompiera en algo la monotonía del lugar, que la verdad se hacía a veces insoportable. Luego de caminar, largo rato sin rumbo, a lo muchacho loco, me dirijo hacia donde se divisaba unos atamisqui grandes (plantas de color verde oscuro) ahá ahá... y le digo a mi compañero (el otro yo) por aquí anda Don Juan, pero se ve que pasa más miseria que lagartija en frasco, eran mis deducciones de acuerdo al rastro del zorro, que de hecho comencé a seguir. De repente Don Juan se prepara como para cazar algo, si ya se va ocultando detrás de unas matitas, se tira al suelo, allí se ve que estuvo largo rato para luego avanzar en semicírculo, correrse en forma directa hacia su presa que inocentemente también éste lo había observado a su victimario de modo que la sorpresa no fue factor favorable para Don Juan que esta vez eligió mal la presa; porque se trataba de un gato montés que lo recibió con todas sus uñas dándole un abrazo mortal, pues la lucha habrá tenido muy corta duración, allí Don Juan salió haciendo rayas con las patitas y la cola en el suelo llevado sin lugar a dudas del cogote por su enemigo; lo arrastró hasta la planta de atamisqui lugar donde se lo estaba devorando tranquilamente. Esto enseña que si el zorro es un animal astuto e inteligente de todas las trampas y triquiñuelas "siempre encuentra el que teje otro mejor tejedor".


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